Un año inusual para los huracanes en el Atlántico
El año actual ha sido notablemente tranquilo en el Golfo de México y el Mar Caribe, lo cual resulta sorprendente dada la serie de récords de huracanes que se han batido en los últimos años. A 13 de septiembre, no se ha registrado la formación de ningún huracán en el Océano Atlántico, una situación que no se había observado desde que comenzaron los registros satelitales hace seis décadas. Este hecho ha sido celebrado por una cuenta oficial de la Casa Blanca, que ha expresado su agradecimiento al expresidente Donald Trump. Al mismo tiempo, varios escépticos del cambio climático han ridiculizado las predicciones catastrofistas sobre la temporada de huracanes de este año.
No obstante, muchos meteorólogos ya anticipaban esta anomalía. Han señalado que este fenómeno es en gran medida consecuencia de una versión más intensa de El Niño, un fenómeno meteorológico que ha visto sus efectos amplificados por el calentamiento global. “Es realmente asombroso lo inhóspito que es el Atlántico para la formación de ciclones tropicales en este momento”, comentó Kristen Corbosiero, profesora de ciencias atmosféricas en la Universidad de Albany. La experta explicó que cualquier intento de formación se enfrenta a lo que ella denomina una “triple devastación”: vientos destructivos, aire seco que debilita la tormenta y vientos descendentes que la aplastan, todos elementos típicos de El Niño.
Impacto de El Niño en la actividad ciclónica
Este año ha sido testigo de una versión más potente de este patrón meteorológico, conocida como “Súper Niño”, que ha estado acompañado por oleadas de polvo del Sahara. Sin embargo, esto no implica que no se hayan desarrollado sistemas tropicales en el Atlántico. Hasta la fecha, el Centro Nacional de Huracanes (NHC) ha reportado cinco tormentas tropicales: Arthur, Bertha, Cristóbal, Dolly y Edouard. Sin embargo, ninguna de ellas ha alcanzado la velocidad sostenida de 119 kilómetros por hora, el umbral necesario para ser clasificada como un huracán de categoría 1.
Por otro lado, la temporada de huracanes en el Pacífico ha sido mucho más activa, con 15 tormentas nombradas hasta el 13 de septiembre, de las cuales seis lograron convertirse en huracanes, cuatro de ellos alcanzando categoría 3 o superior. Este contraste entre los dos océanos se debe a que El Niño provoca una drástica reducción de la actividad ciclónica en el Atlántico, mientras que en el Pacífico oriental se registra un aumento significativo en la formación de ciclones, tal como habían anticipado los pronósticos iniciales de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).
Comprendiendo el fenómeno de El Niño
El fenómeno de El Niño se caracteriza por un calentamiento anómalo de amplias áreas del Pacífico ecuatorial, que ocurre cada dos a siete años. Sin embargo, sus efectos no se limitan a esta región, ya que altera los patrones de viento y presión a nivel global, afectando incluso al Atlántico. En años de fuerte El Niño, como el presente, la cizalladura del viento –la variación de velocidad o dirección del viento entre distintas altitudes de la atmósfera– tiende a intensificarse sobre el Atlántico tropical. Esta cizalladura dificulta la organización de la estructura vertical de las tormentas en formación, sumándose a otros factores como la presencia de aire inusualmente seco, una mayor cantidad de polvo sahariano y áreas de alta presión que empujan el aire hacia abajo.
Expectativas para el resto de la temporada
A pesar de la calma actual, aún es prematuro afirmar que se han superado los riesgos en el Atlántico. Históricamente, aproximadamente dos tercios de la actividad ciclónica en esta región se concentra entre el 20 de agosto y el 10 de octubre, según el meteorólogo Philip Klotzbach de la Universidad Estatal de Colorado. Sin embargo, no se anticipa la formación de ningún huracán en los próximos siete días. “El Niño está impactando el Atlántico con gran fuerza. Es impresionante”, afirmó Klotzbach, quien también destacó que la energía ciclónica acumulada hasta ahora representa apenas un 7% de lo habitual para esta época del año. En un año promedio, ya se habrían formado ocho tormentas y tres huracanes.
Klotzbach también remarcó que la última vez que la temporada de huracanes en el Atlántico se extendió más allá del 11 de septiembre sin registrar un huracán fue en 1941, cuando el primer huracán no se formó hasta el 21 de septiembre. La incertidumbre persiste: ¿podrá el año 2026 superar el récord de 1905, cuando el primer huracán se formó el 8 de octubre? Solo el tiempo lo dirá.
