Experiencias de Presencia Tras la Pérdida
Numerosas personas reportan la sensación de percibir a un ser querido después de su fallecimiento. Estas experiencias pueden manifestarse a través de la percepción de pasos, el reconocimiento de un perfume familiar o la sensación de que alguien se sienta a su lado. Algunos afirman haber escuchado voces, sentido caricias o simplemente tener la certeza de que su ser querido está cerca, a pesar de ser conscientes de su ausencia. Estas vivencias pueden resultar tanto reconfortantes como desconcertantes, a menudo sintiéndose tan tangibles como cualquier otra experiencia cotidiana.
A lo largo del tiempo, estas sensaciones han sido asociadas con lo sobrenatural o con problemas de salud mental. Sin embargo, diversas investigaciones indican que tales experiencias pueden ser parte del proceso de duelo, y que experimentarlas no implica necesariamente un trastorno psicológico. Aún persiste la incógnita sobre por qué algunas personas son capaces de sentir físicamente la presencia de quienes han perdido.
Un estudio de 2025, publicado en la revista Social Cognitive and Affective Neuroscience, sugiere una posible explicación. Sus autores argumentan que nuestro cerebro retiene representaciones de las personas cercanas que hemos construido a lo largo de los años. Aun después de la muerte, esos recuerdos y asociaciones pueden influir en cómo interpretamos nuestro entorno.
La Frecuencia de Estas Experiencias
Este fenómeno no es raro. Una revisión científica publicada en junio de 2026 en la revista Mortality indica que entre el 50 y el 60% de las personas en duelo han sentido alguna vez la presencia de un ser querido fallecido. Aunque las estimaciones varían según los grupos estudiados y las experiencias consideradas, los resultados sugieren que es más común de lo que la mayoría piensa.
Cuando pasamos años conviviendo con alguien, aprendemos a reconocerlo por más que su apariencia. Identificamos su forma de caminar, el tono de su voz y sus gestos característicos. También anticipamos sus reacciones ante diversas situaciones. Todas estas percepciones quedan ligadas a recuerdos y emociones construidas durante la relación.
La muerte interrumpe estas interacciones, pero el cerebro no elimina de inmediato lo que ha aprendido. Los recuerdos y asociaciones permanecen, incluso cuando somos conscientes de que nunca más volveremos a ver a esa persona. Alicja Nowacka, investigadora de la Universidad de Auckland, y su equipo sugieren que esta permanencia podría ser clave para entender por qué algunas personas sienten la presencia física de sus seres queridos fallecidos.
El Procesamiento de las Recuerdos en el Cerebro
En su investigación de 2025, los científicos desarrollaron un modelo neurocognitivo basado en lo que denominan “redes de personas”. Según esta teoría, el cerebro construye representaciones de aquellos que son importantes para nosotros a partir de sus características, nuestros recuerdos compartidos y las emociones asociadas con la relación. Estas redes permiten reconocer e identificar a las personas, incluso cuando la información que recibimos es incompleta.
El equipo de Nowacka relaciona este funcionamiento con el procesamiento predictivo, un concepto que sugiere que nuestro cerebro no solo recibe información sensorial, sino que también utiliza experiencias previas para anticipar lo que podría ocurrir y dar sentido a los estímulos que percibimos. Cuando alguien fallece, nuestras expectativas deben adaptarse a una nueva realidad. Aunque sabemos que esa persona ha muerto, nuestro cerebro mantiene información que se acumuló a lo largo de años en los que su presencia formaba parte de nuestra vida diaria.
Interpretaciones de las Experiencias Sensoriales
Para ilustrar este proceso, consideremos a alguien que ha escuchado a su pareja caminar por un pasillo durante un largo periodo. Tras su muerte, un sonido vago podría evocarle esos pasos y activar recuerdos asociados. Esta interpretación de un sonido real es diferente de la sensación de una presencia sin estímulos identificables, pero ambas experiencias demuestran cómo nuestras vivencias pasadas pueden influir en nuestra percepción.
El modelo de Nowacka sugiere tres etapas para explicar estas sensaciones. Primero, se produce una experiencia perceptiva que puede surgir en diversas circunstancias. En segundo lugar, el cerebro asigna una identidad a esa experiencia. Finalmente, la persona interpreta lo sucedido, dándole un significado basado en sus emociones, recuerdos y creencias. Así, alguien podría sentir una presencia inesperada y reconocerla como la de un padre fallecido, a pesar de no haber visto ni escuchado nada. Otra persona podría tener una experiencia similar, pero interpretarla de manera completamente distinta.
Desmitificando la Experiencia de la Presencia
A pesar de la documentación de estas experiencias durante décadas, muchas personas optan por no compartirlas, temiendo que otros no les crean o que se interpreten como signos de problemas psicológicos. Este temor no es nuevo; en 1971, el médico británico William Dewi Rees entrevistó a 293 viudos en Gales, descubriendo que el 46.7% había experimentado al menos una vez la presencia de su pareja fallecida. De aquellos que reportaron tales experiencias, el 72.3% nunca lo había compartido con nadie, temiendo el ridículo o la incredulidad de sus seres queridos.
Más de cinco décadas después, las experiencias de presencia continúan generando debate en los campos de la psicología y la psiquiatría, junto con la interpretación histórica que ha evolucionado sobre estos encuentros. Durante mucho tiempo, se consideraron manifestaciones de duelo patológico o síntomas de trastornos psiquiátricos. Sin embargo, investigaciones posteriores demuestran que también ocurren en personas sin diagnósticos de enfermedades mentales y que, a menudo, son experiencias bien recibidas.
La Complejidad de las Experiencias de Duelo
El debate se complica por el uso del término “alucinación”, que en medicina se refiere a experiencias perceptivas sin un estímulo externo correspondiente, mientras que en el contexto general puede asociarse con la pérdida de contacto con la realidad. Por esta razón, algunos investigadores prefieren términos como “experiencias sensoriales” o “cuasisensoriales” de los fallecidos, que permiten abarcar diversas manifestaciones sin asumir un origen patológico.
Estas experiencias no son homogéneas; algunas personas escuchan una voz o creen ver a alguien, mientras que otras experimentan un contacto físico o sienten la cercanía de un familiar, sin que necesariamente intervengan los cinco sentidos. La revisión de 2026 señala que, para muchos, estos encuentros poseen un significado emocional positivo, proporcionando consuelo, compañía o la sensación de mantener un vínculo con alguien importante. Sin embargo, también hay quienes experimentan miedo, angustia o emociones contradictorias, especialmente si la relación con el fallecido fue complicada.
La Relación Continua con los Fallecidos
No implica que cualquier experiencia perceptiva esté necesariamente ligada al duelo. Los especialistas subrayan la importancia de evaluar el contexto, la frecuencia y las consecuencias de estas sensaciones. Si generan sufrimiento intenso, afectan la vida diaria o se presentan junto a otros síntomas preocupantes, podría ser necesario buscar atención profesional.
La relación que mantenemos con nuestros seres queridos no desaparece con la muerte. Sus recuerdos, enseñanzas y costumbres pueden seguir siendo parte de nuestra vida durante años, incluso cuando aprendemos a vivir sin su presencia física. En psicología, esto se relaciona con la teoría de los vínculos continuos, que sugiere que las personas pueden mantener una relación interna con los fallecidos mientras se adaptan a su ausencia.
Recordar conversaciones, conservar objetos personales o continuar ciertas tradiciones familiares son maneras de mantener ese vínculo. Las experiencias de presencia pueden adoptar un significado similar para quienes las experimentan, aunque aún no hay suficiente evidencia para afirmar que siempre facilitan la adaptación al duelo. La interpretación de estas experiencias también está influenciada por el contexto cultural; por ejemplo, en México, el Día de Muertos simboliza el reencuentro con los seres queridos fallecidos, permitiendo a muchas familias recordarles y conservar su legado.
La Búsqueda de Respuestas en la Ciencia
No obstante, las sensaciones de presencia no son exclusivas de quienes creen en una vida después de la muerte. La investigación de Nowacka considera a personas de diversas creencias religiosas y culturales, incluidas aquellas que se identifican como no religiosas. La cercanía emocional con el fallecido se presenta como un factor crucial para entender estos encuentros.
No todas las personas en duelo “sienten” a sus seres queridos de la misma manera. Algunas nunca experimentan estas sensaciones, mientras que otras las describen una vez o afirman que continúan ocurriendo mucho tiempo después de la pérdida. Quedan preguntas sin respuesta: ¿Qué determina que una persona experimente estas sensaciones y otra no? ¿Por qué algunas se presentan en momentos inesperados? ¿Qué sucede en el cerebro cuando alguien afirma haber escuchado la voz de alguien que ya no existe? En este momento, la ciencia puede documentar la frecuencia de estas experiencias, analizar cómo son percibidas y proponer mecanismos que podrían explicarlas, pero aún no ofrece una respuesta definitiva sobre su origen.
